EL FERROCARRIL MINERO DE LA SOCIEDAD HULLERA
ESPAÑOLA EN ALLER (ASTURIAS) COMO ARTICULADOR DEL
ESPACIO SOCIAL
Jorge Muñiz Sánchez
Universidad de Oviedo
RESUMEN
Las compañías mineras implantadas en Asturias pusieron en práctica, a lo largo
del siglo XIX y la primera mitad del XX, una serie de estrategias de gestión de la mano
de obra que tenían componentes paternalistas y panoptistas en el sentido foucaultiano
del término, confiriendo una especial atención al control de la vida privada de sus
trabajadores. Se crearon colonias o poblados de empresa ad hoc y en los mismos nada
escapaba a la supervisión del patrón o sus delegados: las costumbres, la moral, la
sociabilidad, el contacto con el obrerismo y, por supuesto, el ocio eran cuidadosamente
observados e intervenidos cuando se consideraba necesario. Para ello se disponía de
mecanismos de lo más diverso, desde la pura coerción fisica a la simbolización de la
vigilancia mediante el panoptismo, pasando por supuesto por la reconducción de
algunas expresiones a través de la provisión patronal de instituciones de previsión,
elementos de ocio y otros factores considerados beneficiosos o, al menos, inocuos.
La Sociedad Hullera Española (SHE) fue propiedad del marqués de Comillas,
Claudio López Bru, influyente miembro de Acción Social Católica y cabeza de un
potente grupo empresarial a través del cual llegó a obtener cierta relevancia política. La
peculiaridad de sus yacimientos en Asturias reside en que fueron explotados mediante
minas de montaña durante mucho más tiempo que el resto, sin practicarse poms
verticales antes de los años cuarenta. El efecto de esto fue el mantenimiento de muchos
centros de trabajo aislados en las laderas de las montañas y con pocos trabajadores cada
uno. A su vez, esta dispersión productiva, junto a la difícil orografía de la mina, la
amplitud de la misma y el gran tamaño de la empresa motivaron que ésta no acometiera
proyectos constructivos de viviendas de una cierta entidad que agruparan a sus obreros
y permitieran, entre otras cosas, un mejor control de los mismos y su segregación con
respecto a la población ajena ala SHE. Por eso las estrategias de gestión del personal
antes citadas adoptaron en su caso unas características especiales y se articularon en
buena medida en tomo a un servicio de guardas jurados que patrullaba no sólo las
instalaciones productivas, sino todo el coto, e informaba minuciosamente de aspectos de
lo más variado. Pero el gran elemento del entramado fue el ferrocarril minero propiedad
de la empresa, que discurría por el fondo del valle y se encontraba conectado mediante
ramales a todas las bocaminas, con el objeto de sacar la producción de hulla pero
también de servir de transporte al personal. Como medio de locomoción hegemónico
durante un largo período de tiempo permitió a la empresa ejercer un estrecho control de
las idas y venidas de sus trabajadores e incluso limitar la expansión de otras sociedades
mineras de la mina que podrían haber llegado a convertirse en competidoras por la mano
de obra existente.
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Mediado el siglo XIX, cuando la industrialización asturiana apenas comenzaba a
anunciarse, algunos observadores advertían ya que ésta habría de encontrar la forma de
"atraer, aclimatar u organizar ...una población obrera bastante numerosa a la par que
morigerada y con la indispensable subordinación".(l) En efecto, fue la necesidad de mano
de obra uno de los principales escollos que tuvieron que sortear los empresarios
mineros, porque si bien la población era excedentaria en el sector primario,
generalmente se prefería la emigración ultramarina a enrolarse en las compañías
hulleras. En cualquier caso, además de atraer y retener un número suficiente de
trabajadores, resultaba imprescindible que éstos, de origen campesino, se adaptaran a
una nueva ocupación con acusadas diferencias respecto a lo que conocían ya la cultura
del trabajo resultante de ello. En general, al menos hasta el final de la Primera Guerra
Mundial, el tipo de minero predominante en Asturias fue el denominado obrero mixto,
es decir, aquel que tenía su actividad fundamental en el ámbito agrícola y, sobre todo,
ganadero, y contemplaba su empleo industrial como un complemento, a menudo como
una fuente de ingresos extraordinarios que le permitieran acceder a la propiedad --0
ampliarla en su caso- de la tierra que cultivaba.(2) Los salarios eran muy bajos y una
familia no podía vivir solamente con un jornal, que según la patronal difícilmente
podría aumentar si no lo hacía el rendimiento del obrero, cerrando así el círculo vicioso
de la minería asturiana. Como ejemplo, baste decir que en 1914 el presupuesto diario
promedio de una familia obrera era de 4,62 ptas. y los salarios de 3,04 ptas., arrojando
un notable déficit que ni siquiera se enjugaría con los aumentos salariales en la
coyuntura especialmente favorable de la Primera Guerra Mundial, puesto que en 1918
los gastos eran de 8 pesetas y los ingresos tan sólo de 7,47, a causa de la inflación que
acompañó a este proceso, especialmente acusada en las cuencas mineras asturianas.(3) De
ahí que en la época se constatara una acuciante carencia de verdaderos proletarios:
"El obrero nativo generalmente combina el trabajo en las minas con trabajo
en los campos. ..La división de la tierra es muy grande. ..Incluso en las regiones
industriales de Oviedo y Langreo es raro encontrar trabajadores, a menos que sean
foráneos, que no mezclen el trabajo agrícola con el trabajo en las minas".(4)
Este tipo de trabajador presentaba algunos inconvenientes para las empresas, de los
cuales quizá el más obvio sea su cultura del trabajo agropecuario, tan incardinado e
inseparable del resto de la vida, así como sujeto a las condiciones y fenómenos naturales
y climáticos. Sus ritmos eran variables, inadecuados para un establecimiento industrial
que precisa de un laboreo homogéneo en el tiempo. Además, en épocas de especial
relevancia para las actividades agrícolas, como la siega, la siembra o la recolección,
estos campesinos-mineros desertaban en su mayor parte para dedicarse a sus faenas,
dejando desatendida la industria extractiva. Por último, hay que considerar el efecto que
el cansancio producto de la doble jornada que desarrollaban estos obreros en su caseria
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y en la mina tendría sobre su rendimiento en el tajo. No es de extrañar, por tanto, que
cuando la industrialización asturiana adquirió un grado de madurez que exigía un obrero
más profesional se comenzara a criticar
"(. ..) lo costoso de la mano de obra, no tanto por el jornal en sí como por
el menor trabajo útil del obrero y su asistencia al mismo también menor que el
rendimiento que da por ambos conceptos el obrero en el extranjero".(5)
El ingeniero Francisco Gascue tenía el convencimiento de que era absolutamente
insoslayable awnentar los jornales que percibían los mineros para que se diera un
ascenso análogo de su productividad, pero a su vez esta mejora salarial sólo sería
posible si previamente se conseguía el citado crecimiento de la producción por obrero.
Una espiral de causas y efectos que no parecía tener solución.(6) Los patronos mineros no
podían por sí mismos transformar al pequefio propietario agrícola en proletario, pero,
mientras esperaban que el tiempo y la evolución socioeconómica actuaran en el sentido
deseado podían intentar conseguir por sus medios "atraer y fijar, disciplinar", es decir,
obtener una plantilla suficiente, adaptada y, en definitiva, más productiva.(7) Por este
motivo se aplicaron algunas disciplinas industria/es, conjunto de técnicas para lograr
los objetivos expuestos, que adoptaron formas y modos distintos dependiendo de las
condiciones concretas en que se encontrara cada explotación. En particular, la minería
asturiana no puso en práctica técnicas tayloristas de organización de la producción hasta
bien entrado el siglo XX, ya que las condiciones geológicas de los yacimientos
dificultaban una mecanización que permitiera medir y sistematizar las labores.(8) A
consecuencia de ello, el grado de autoorganización en el trabajo fue muy alto en este
sector, cuyos obreros conservaron su especialización, elemento de resistencia. Esta
incapacidad del patronato para controlar efectivamente el proceso productivo le llevó a
buscar fórmulas sustitutivas de dominio, centradas en la supervisión de la vida privada,
para lograr sus fines. En efecto, en las minas de Asturias fue común durante el siglo
XIX y buena parte del XX la adopción del patema/ismo como estrategia de gestión del
personal, entendido éste como un sistema en el que el patrón
"(...) asume, respecto de los trabajadores, responsabilidades que rebasan
las disposiciones contractuales básicas sobre salarios y condiciones de trabajo,
entre las cuales figuran la prestación de diversos servicios, con arreglo a las
costumbres locales (...). Los motivos para prestar estos servicios son variados y
pueden tener matices de benevolencia o cálculo de explotación, pero en todos los
casos se espera de los trabajadores que permanezcan en la empresa y sean leales a
cambio de estas prestaciones «patemales»".(9)
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Lo que se pretendía con esto era controlar la reproducción fisica de la fuerza de
trabajo -factor crucial en el incremento de la productividad- y su correcta
habituación a la vida industrial fuera de la jornada laboral. Más adelante se sumará
como objetivo el evitar la propagación de ideas subversivas. Sin embargo, en un Estado
liberal el control de todos estos complejos procesos de optimización de la mano de obra
suponía una intromisión inadmisible en la vida privada. Por eso surgen las políticas
asistenciales del paternalismo, que prolongan la relación entre patronos y obreros más
allá del centro productivo y encubren la voluntad -que se oculta bajo un manto
filantrópico- de organizar todos los aspectos de la vida de estos últimos.(10) El
paternalismo industrial desarrolla un discurso que se articula en torno a la construcción
del hábitat y los servicios que lo complementan, logrando un cierto grado de
interiorización en sus destinatarios que deviene autoridad para el patrón. A la vez, la
misma construcción del medio dota al propietario de la posibilidad de ejercer un tipo de
poder de fundamento más fisico, determinando las características del "tablero" de juego.
En concreto, esta forma de dominación deriva de la disposición arquitectónica y
urbanística de los elementos según una concepción pan óptica, en la que los sujetos
saben que pueden ser observados sin conocer en qué momento, de tal forma que el
comportamiento de los mismos termina inconscientemente ajustándose a lo que
consideran que es el deseo del eventual observador.(ll) De este modo, con una sola
inversión -la creación del medio fisico y sus complementos-- se consigue desarrollar
dos formas complementarias de hegemonía.
Por otra parte, como se adelantaba, la obtención de vivienda y algunas
atenciones sociales aparejadas al poblado, convenientemente manejadas en el plano
simbólico por la gerencia, es un elemento promotor de un agradecimiento hacia la
empresa que genera solidaridades verticales, hacia el patrón dadivoso, contribuyendo a
disolver vínculos horizontales, de clase, potencialmente peligrosos para la paz laboral y
social. El espacio se nos revela clave, en todo caso, en el conjunto de estas estrategias
de gestión de la mano de obra; por cuanto, de una forma o de otra, es centro y origen de
los dos mecanismos complementarios que hasta aquí se han descrito. Además, una
tercera virtud es, desde un punto de vista más directamente relacionado con los costes
de la empresa, la de solucionar simples pero graves problemas logísticos que repercuten
de forma muy directa en la producción, por ejemplo dotando a la mano de obra de
alojamientos cercanos a la explotación.(12) Por tanto, se puede sugerir para la minería
asturiana a finales del siglo XIX y principios del XX un esquema de análisis basado en
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el paternalismo y el panoptismo, dado que aún no hay una significativa introducción de
otro tipo de disciplinas.
Una de las direcciones fundamentales en las que se va a emplear la influencia
patronal obtenida a través de la promoción residencial será intervenir en las fonnas de
sociabilidad de los obreros, preocupación básica porque ciertas de entre ellas, debido a
su carácter más o menos desregulado, suponen una zona de sombra para ese poder que
se pretende omnímodo. Se da la circunstancia, además, de que estos modos de
sociabilidad inquietantes para los empleadores son aquellas expresiones informales que,
a diferencia de las que adoptan formas asociativas regladas y estables, son más difíciles
de intervenir por grupos sociales ajenos, sino que también son complicadas de estudiar
por lo escaso y lacónico de las fuentes disponibles. De ahí que sea fundamental atender
muy preferentemente a los espacios en los que tienen lugar, y que a menudo son
indicios especialmente valiosos. Como señala Lefebvre, la organización espacial es el
verdadero "mode d'existence des rapports sociaux',.(13) Por tanto, la acción moldeadora
de este elemento es fundamental, por ejemplo, coadyuvando a la proletarización del
obrero mixto por inmersión en un hábitat inadecuado para la actividad agropecuaria. La
urbanización de las cuencas mineras -al menos en los lugares en que pudo ser
promovida por las empresas más activas en este terreno- tiene mucho de esto, en tanto
que intenta concentrar la población y la desarraiga, quebrando sus vínculos con la tierra
y haciéndola así más dependiente del salario y la influencia patronal. Se trata
"( ...) de alejarlos de sus núcleos tradicionales de resistencia, de apartarlos
de las trampas socio-espaciales en las que anclaban sus modos de vida y de
sociabilidad y, al tiempo, de asegurarse el control directo del trabajo y del no
trabajo de sus obreros". (14)
Desde esta perspectiva la vivienda de empresa -y el paternalismo en su
conjunto- constituye un instrumento de aculturación relacionado con el origen
campesino de las plantillas y la necesidad de habituarlas a otro tipo de vida. Como se
señalaba, un entorno con las características adecuadas resultaba disuasorio a estos
efectos, ya que, un alojamiento de tipo urbano o semiurbano no incita a la práctica de la
agricultura. A la vez, la cercanía de la vivienda al centro de trabajo implica una ventaja
adicional en lo que toca a la adopción de costumbres como la asunción de horarios y
ritmos homogéneos. Dada la ubicación de las explotaciones mineras en lugares
normalmente alejados de centros de población preexistentes, era común el aislamiento
fisico del poblado, característica que tiene además una utilidad muy definida en la
creación de ese aludido sentimiento identitario de pertenencia a la empresa,
omnipresente en el poblado. Por otra parte, el mantenimiento de la comunidad alejada
de la influencia de otros mineros que pudieran ser portadores de ideas o formas de
organización o de vida potencialmente perniciosas era un deseo frecuente que podía
-5-
satisfacerse precisamente gracias a esta desconexión del resto del mundo.(15) Por
consiguiente, las colonias son elementos centrales, sobre los que pivota toda la política
paternalista.
Sin embargo, el caso de la Sociedad Hullera Española (SHE) es un tanto peculiar
en este contexto asturiano apenas esbozado hasta aquí. La compañía, propiedad de
Claudio López Bru, segundo marqués de Comillas, tenía necesidades productivas
semejantes y por tanto experimentaba impulsos no muy diferentes de los reseñados,
pero las soluciones que adoptó, si bien fueron en la misma dirección, tuvieron
plasmaciones concretas que presentan ciertas particularidades. Esta circunstancia se
debió a las condiciones en las que se desenvolvió la empresa citada. En primer lugar, la
SHE tuvo un tamaño y una implantación geográfica muy superiores a los de sus
competidoras, porque se extendió a lo largo de tres municipios, Mieres, Lena y Aller,
abarcando una superficie muy importante. La SHE, fundada en 1892, explotaba cinco
grupos de minas de montaña: Prevenida-Vicentera, Conveniencia-Turca, Legalidad y
Mariana. Se crearon dos fábricas de aglomerados en Ujo y Sovilla -la cabecera y
límite del coto-, una batería de homos de cok y un lavadero, también en esta última
localidad mierense. Así pues, el espacio que se examina aquí es mucho más amplio y
disperso que para otras empresas de menor volumen. No hay que olvidar que la
sociedad del marqués fue durante casi toda su historia la segunda en producción en la
provincia, por detrás sólo de la cercana Hulleras de Turón. La otra gran peculiaridad de
la SHE es que en ella las minas de montaña se mantuvieron hasta que en los cuarenta y
cincuenta, fechas bastante tardías en comparación con otras explotaciones asturianas, se
planearon tres poros verticales: San Jorge. San Antonio y Santiago, debido al
agotamiento de parte de las capas de carbón por encima del nivel del valle.(16) Así pues,
mientras en otras zonas mineras se empezó en tomo a la Primera Guerra Mundial a
construir poros verticales que permitieran la explotación del mineral mediante galerías
que se encontraban por debajo del nivel de los valles, la Hullera Española no puso en
funcionamiento su primer castillete el del pozo San Jorge, hasta 1943. Esto se debió a
la mayor riqueza de los yacimientos que se encontraban en las laderas de las montañas,
que se explotaban practicando multitud de túneles horizontales y que tardaron más en
agotarse y en obligar por tanto a iniciar métodos de extracción más complejos y
costosos. (17)
La persistencia de la antigua forma de organización de la producción
determinaba en parte la inexistencia de grandes aglomeraciones de trabajadores, ya que,
mientras un pozo podía dar acceso a sus puestos a miles de mineros, las innumerables
bocaminas dispersas por las laderas servían, a lo sumo, a unas decenas de trabajadores.
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A consecuencia de lo anterior no era posible que la compañía estableciera grandes
poblados junto a los centros productivos como sucedía en otros casos porque éstos
eran cientos y su ubicación bastante dificil por lo que la dispersión de los lugares de
residencia de los trabajadores adscritos a los mineros era inevitable. Por este motivo los
mineros de la SHE vivían mayoritariamente en las viejas aldeas agrícolas y ganaderas
de la zona, mezclados con gentes que no eran empleadas de la empresa y en un entorno
fisico que ésta no podía controlar porque, obviamente, no poseía toda la tierra de su
enorme coto para organizar los poblados a su gusto ni la enorme inversión que esto
requería hubiera resultado rentable. Por eso no se tomó grandes molestias en construir
para sus trabajadores -ya que no podía determinar enteramente el espacio no debió de
parecerle que mereciera la pena hacer grandes desembolsos en este capítulo- ya
menudo su política de alojamiento consistió en alquilar casas a particulares en cada uno
de los pueblos preexistentes para subarrendarlas a los mineros que prestaban sus
servicios en alguna de las explotaciones cercanas; algo lógico también porque la
orografía del valle no ofrecía muchos lugares apropiados para concentrar población. Por
otra parte. es posible que la empresa temiera las repercusiones que una cierta
urbanización hubiera tenido en los modos de vida, y parece que optó conscientemente
por favorecer la desconexión fisica de sus obreros entre sí, manteniéndolos atomizados
en pequeños grupos inmersos en localidades campesinas. con toda la carga política
conservadora que el campesinado norteño tiene y el consiguiente efecto morigerador
que se esperaba sobre el comportamiento de los mineros. Es posible incluso que esta
peculiaridad explique la menor conflictividad laboral que experimentó la zona según los
Iestudios existentes y la tardía aparición en ella del sindicato socialista en relación a
otros lugares. Sea como fuere, y en resumen, la SHE mantuvo una acción paternalista
con economatos, escuelas, caja de socorros, actividades recreativas etc, pero no creó
barrios residenciales específicos.(18) Esto contrasta claramente con el modelo clásico de
poblado industrial anexo a una explotación construido por la empresa según las teorías
médicas y sociales en boga en terrenos de su propiedad y habitado exclusivamente por
trabajadores de la compañía y sus familias.(19) y. por supuesto. la falta de este tipo de
poblamiento dificultaba las tareas de control de la SHE. En otros casos con la plantilla
concentrada, aislada y ubicada sobre el terreno a voluntad de la compañía, era muy
sencillo para ésta mantener una vigilancia exhaustiva de cada entrada y salida, de cada
contacto, de cada actitud. Así sucedía en Lieres, en el poblado minero de Solvay , cuyos
accesos estaban dispuestos de tal manera que nada escapaba a la supervisión del
personal de confianza. O en Arnao, feudo de la Real Compañía Asturiana de Minas en
el que esta circunstancia era si cabe acentuada por la orografía del terreno, que situaba
las dos entradas a la localidad entre el mar y las montañas, realizándose incluso una de
ellas a través de un túnel con guardabarreras propiedad de la empresa. (20)
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En el coto de la Hullera Española las cosas eran distintas. No había un control de
los accesos, innumerables y de condiciones muy diversas, como los propios centros de
trabajo y de población, sino de los trayectos. Y en ello tenía un papel destacado el
ferrocarril minero de la compañía, una infraestructura fundamental para el transporte de
carbón por la atomización de los centros productivos. Como se ha dicho, los lugares de
transformación (lavado, cribado, elaboración de aglomerados, etc. ) estaban localizados
en un extremo del valle que se encontraba conectado al resto del coto por un ferrocarril
propiedad de la sociedad que discurría por el fondo del mismo y contaba con multitud
de ramales que lo unían a las bocaminas.(21) De esta forma se sacaba la producción y se
enviaba al gran centro de procesado de Sovilla. Esta misma red viaria era utilizada
por los obreros para desplazarse hasta sus centros de trabajo, dado que era
prácticamente el único medio de locomoción disponible en la zona, lo que explica que
el servicio de trenes obreros estuviera adaptado a los horarios de los diferentes relevos.(22)
Esto permitía controlar todos los desplazamientos de importancia que se daban en el
interior del coto. Por otro lado, se podía supervisar con facilidad el momento de mayor
aglomeración e intercambio entre obreros de diferentes minas, circunstancia siempre
delicada. No hay que olvidar que la voluntad de evitar en lo posible un contacto masivo
entre los trabajadores estaba siempre presente, como si la SHE tuviera permanentemente
en cuenta que, como se aducía anteriormente, las manifestaciones espontáneas de la
sociabilidad son un primer paso necesario para la solidaridad y quizá para la
organización. No en vano, los centros de trabajo, si es que se les puede llamar así, se
limitaban en la mayor parte de los casos a la bocamina correspondiente y las vías que la
comunicaban con el ferrocarril general. Por este motivo la relación entre los obreros
durante la jornada se ceñía al pequeño grupo que constituían sus compañeros
inmediatos, sin que existiera la posibilidad de que se formaran grandes contingentes,
salvo en el camino de vuelta a casa, para el que era frecuente que se organizaran según
lugares de residencia, ya fuera para coger el ferrocarril o para cubrir el trayecto por
otros medios, normalmente a pie. Esta atomización de los centros de trabajo es causa de
una menor conexión entre los obreros, de un menor conocimiento entre sí y de una
mayor dificultad de relación e intercambio de todo tipo. De hecho, no parece del todo
casual que en general no existieran instalaciones en superficie tales como casas de aseo
-vestuarios- donde se pudieran establecer unos lazos de sociabilidad e interacción
comunitaria más distendidos, a causa de la dispersión y el número de minas. Así,
incluso los obreros reclamaban en ocasiones los más elementales servicios, como
tendejones "para abrigarse la gente de las lluvias a las horas de descanso", circunstancia
que nos pone también sobre la pista del arraigo de la costumbre de salir al exterior para
efectuar las comidas al aire libre, algo que será prácticamente desterrado con la
introducción de los pozos.(23) Es llamativo que, ya en los años cuarenta, se siga
constatando la misma necesidad, en esta ocasión por imperativo legal:
-8 –
"Según dispone el vigente Reglamento General de Seguridad e Higiene en
el Trabajo, debemos disponer de locales destinados al aseo del personal provistos
de lavabos y duchas.
A tal objeto. Ruego le estudie un cuarto de aseo económico para emplazar
en los primeros pisos de los grupos confeccionando el presupuesto
correspondiente. que le ruego me remitan...(24)
Hasta esa época lo normal era que los mineros se lavaran en algún arroyo o en su casa,
al regresar. Es destacable el hecho de que una empresa con tantos recursos no tuviera
habilitados aún en los años cuarenta, unos elementales vestuarios para los obreros.
Desde luego, esta circunstancia se presta a interpretaciones viniendo de una sociedad
que gastaba grandes cantidades de dinero en otros equipamientos quizá más
prescindibles.
Este especial cuidado que se observaba con las aglomeraciones de trabajadores
explica que el transporte fuera vigilado por guardas, un cuerpo creado en 1890 que tuvo
una presencia constante en el contorno y muy útil a los intereses de la empresa. Sus
funciones fueron, por supuesto, las normales de vigilancia de las propiedades e
instalaciones, pero también se emplearon en mantener el orden en un sentido muy
amplio. con "una misión informativa sobre todo el personal.(25). Se podría decir que
fueron una policía oficiosa, algo lógico en el esquema trazado antes ya que a una
imposibilidad de ejercer un poder panóptico a través de las características del
poblamiento le seguiría un aumento de la vigilancia directa con el objeto de mantener
semejante control facilitado por la desaglomeración de la población minera y la
posibilidad de supervisar los desplazamientos en el ferrocarril. El (único inconveniente
era que la SHE no tenía autoridad alguna para establecer la vigilancia que ejercían los
guardas sobre el conjunto del coto, por el mismo motivo por el que no podía determinar
hasta sus últimas consecuencias la urbanización del mismo, dado que no era
enteramente de su propiedad.Consciente de las implicaciones de esto, la empresa hizo
uso de sus influencias para modificar las corrientes de opinión de partida en la época en
la que puso en marcha la guardería, con el fin de hacer más aceptable su presencia. Para
ello no se dudó en inducir a un periódico católico a algo tan poco esperable del mismo
como criticar abiertamente a la Guardia Civil:
"Nos dicen de Carabanzo que están por allí a la orden del día la
Embriaguez, los juegos prohibidos y la blasfemia. Tomen nota las autoridades y
vean de remediarlo por los medios que la ley pone a su alcance, no estando de
más tampoco algunas medidas coercitivas contra ciertas personas que turban el
pacífico sueño de los vecinos de esta villa, ya con voces blasfemas ya con vivas
subversivos algunas noches. Antes la Guardia Civil tenía obligación de recorrer el
pueblo en que estaba establecido el puesto y los establecimientos de bebidas de él
a ciertas horas del día y de la noche, lo que evitaba males mayores. ¿Ha sido
suprimido este deber? Lo preguntamos por curiosidad".(26)
-9-
El destacar estos incidentes -cuya existencia podríamos incluso poner en cuarentena-
convenía a la SHE para justificar el servicio de vigilancia recién creado y la
extralimitación en sus funciones; un hecho contra el que, por otra parte, no parece que
nunca hayan reaccionado las instituciones públicas, síntoma evidente del nivel de
penetración que había alcanzado la empresa en ellas. De esta manera, la sociedad
minera declaraba desde el primer momento sin ningún rubor que, además de por cuatro
guardias civiles, el coto estaba vigilado por seis guardas jurados armados con revólveres
y rifles Winchester (27) La decisión de contratar otros catorce hombres adicionales en
1912, justo cuando el sindicato socialista (Sindicato de Obreros Mineros de Asturias,
SOMA) empezaba a entrar en el hasta entonces casi inexpugnable feudo del marqués,
habla bien a las claras de cuáles eran sus cometidos:
"Cuando en 1911~1912 el SMA amenazó con socavar el control ideológico
de la empresa sobre sus obreros, la respuesta de la administración no dejó lugar a
ambigüedades. Se dispuso que un hombre hiciera vigilancia nocturna para impedir
la distribución de Aurora Social en Sovilla y Costa, director del departamento de
investigaciones, recomendó que se investigara minuciosamente a todos los
obreros aspirantes, procedimiento que siguió practicándose al menos hasta
1922" (28)
La tarea básica consistió en impedir el acceso a los activistas, de tal manera que ni
siquiera la conocida argucia de las novelas por entregas surtía efecto:
"Esta policía impedía la circulación de "mala prensa" y mantenía alejados
de las propiedades de la empresa a los organizadores socialistas. Tanto a Eduardo
Varela como a Manuel Vigil se les impidió cumplir con su cometido de "servir
allí, a domicilio, las suscripciones de novelas por entregas" y se les obligó a
entregárselas a un guardia".(29)
Pero la función de esta policía privada no era exclusivamente política en el sentido
restrictivo del término, sino que se ocupaba también de controlar el comportamiento
hasta sus más mínimas derivaciones, supliendo así la señalada carencia de un
dispositivo panóptico-residencial:
"Estaban en el cine, en la iglesia y cuando estabas malu iban a preguntar
por ti pa decirlo a los jefes. Lo peor de todo era que chivábanse de cualquier cosa.
A lo mejor estabas en el chigre y reñías con unos o con otros, bebías un vasín de
más y echabas un cagamento y al día siguiente cuando ibas a trabajar ya te
llamaban la atención., " (30)
-10-
En el área de influencia de la Hullera Española todo debía regirse por sus principios.
Cualquier disidencia era interpretada como un peligro y por eso se ponía gran esmero en
localizar cualquier manifestación desviada para poder eliminarla. De este modo,
rumores sobre la infidelidad de la esposa de un empleado podían generar extensos y
detallados informes de los guardas para que la dirección tomara las medidas que
considerara oportunas. Estos vigilantes también emitieron completas pesquisas, por
ejemplo, sobre una viuda joven que recibía hombres en su casa porque tenía un negocio
de costura. ..Por supuesto, tratándose de una compañía militantemente católica, la
prostitución era una práctica que no se toleraba en absoluto. En suma, toda la población
del coto -no sólo los trabajadores de la empresa- era perfectamente conocida, al
detalle, y se encontraba catalogada por los guardas: si "se jugaba la paga", "se
embriagaba con frecuencia" , "tenía el defecto de ser muy aficionado a la caña" (mezcla
de licores) o, por el contrario "no se le conocían vicios" era rápidamente consignado a
cualquier efecto, desde conceder una pensión hasta renovar el arrendamiento de una
casa, pasando por el inicio de acciones legales o de otro tipo contra quien se considerara
oportuno. (31)
En cualquier caso, si bien la acción de estos guardas era imprescindible, el
principal capital de la SHE en lo que se refiere al dominio del espacio venía dado por
las necesidades productivas y, nuevamente, la dispersión de sus centros era la culpable:
"La minería del carbón se desarrolló en Asturias, en su primera fase,
exclusivamente sobre el nivel de los valles. Este sistema de explotación ofrecía
grandes ventajas de orden económico, pero no estaba, con todo, exento de
inconvenientes, siendo acaso de éstos el más grave la complicada red de vías y
planos inclinados que el transporte exterior exigía".(32)
Se ha señalado ya que esta característica acompañó a la empresa del marqués durante
toda su historia, porque si bien los primeros pozos -muy tardíos- aparecieron en los
años cuarenta, la mayor parte de su producción siguió obteniéndose por este método
hasta su integración en Hunosa en 1967. En consecuencia, la Hullera Española invirtió
bastante dinero en infraestructuras viarias desde un principio y poseyó la más completa
red de comunicación de la comarca, lo que redundó en su dominio del espacio. No en
vano, el ferrocarril minero era la única forma de llegar a muchos sitios. Este tejido
permitía, desde luego, articular el territorio dándole una gran unidad. pero también
transportar a su personal de forma eficiente, rápida y controlada, ya que el conjunto
-11-
recorría todo el valle ya a finales del siglo XIX.(33) Tal y como describe la Estadística
Minera de 1907:
"El sistema de explotación es el corriente de galerías sobre el nivel de los
valles. La Sociedad "Hullera Española" posee un ferrocarril servido por motor de
vapor, de 0m,60 de ancho y unos 7 kilómetros de recorrido, el que, extendiéndose
á lo largo del valle de Aller, termina en la estación de Ujo, sobre la línea general
de León a Gijón.
El conjunto de ferrocarriles á nivel, recorridos por motor animal, y de
planos inclinados, para el servicio de todas las minas de este valle, tiene su enlace
con el ferrocarril que corre por el fondo del mismo en distintos puntos de su
trayecto". (34)
La situación era ideal para la SHE, que prácticamente ostentaba el monopolio de las
comunicaciones dentro del coto y podía conectar fácilmente con el ferrocarril a Gijón
sin que éste, por su ubicación marginal, pudiera alterar sustancialmente las condiciones
de vida de la zona. Hay que tener en cuenta que una vía férrea de estas características es
un lugar de mucho movimiento y por ello también elemento de propagación de ideas,
usos y costumbres que podían no agradar a una compañía tan meticulosa. (35) En
-12 -
consecuencia, era sumamente conveniente a ojos de ésta que el tren. necesario en
cualquier caso para poder dar salida a su producción, se quedara a las puertas de su
feudo. Por eso no resulta sorprendente que la SHE se opusiera con toda rotundidad al
trazado de un tramo del ferrocarril Figaredo-León dentro de su zona de influencia, entre
Ujo y Matallana, lo que provocó una corriente de indignación en buena parte del valle.
En opinión del diario reformista E/ Noroeste, la adopción de esta actitud se presagiaba
por
"( ...) ciertas actuaciones de la Hullera, tales como la construcción de su
magnífico hospital en un punto que es paso forzado para el ferrocarril, aunque el
más antihigiénico [sic] del valle, la instalación de pozos de explotación en lugares
donde no existe carbón, apertura de boca minas en sitios inadecuados y la
construcción de otras obras en lugares considerados como paso forzoso de nuestro
anhelado ferrocarril ( ...)".(36)
Las alegaciones presentadas se basaban en la existencia de instalaciones o proyectos
cruciales de la compañía en las zonas de paso obligado de las vías, que no disponían
tampoco de muchas opciones alternativas dada la orografía y los medios técnicos de la
época. Dado que el ferrocarril proyectado serviría para poder hacer económicamente
rentables las concesiones que la Hullera poseía en la parte alta del valle, en aquel
momento sin actividad, algunos vecinos planearon incluso solicitar al gobierno la
reversión de las mismas al Estado, ya que consideraban que la actitud obstaculizadora
de la compañía ante la vía férrea en proyecto suponía una declaración de intenciones de
su renuncia a las futuras explotaciones. Más bien parece como el mismo artículo de “El Noroeste”
señala en otro lugar, que la oposición planteada fuera producto simplemente
de la defensa de la hegemonía de la sociedad de Claudio López en la zona, abarcando
dos vertientes fundamentales, una económica y otra social. que es la que más nos
interesa aquí:
"Primera. -Impedir por todos los medios la construcción de toda vía férrea
de acceso a Aller para que los concesionarios de minas, cansados de pagar
contribuciones, se vean forzados a renunciarlas, con el santo y piadoso fin de
acapararlas ella después.
Segunda. -Extender su feudo social y político por todo el valle, estancado
hoy en Moreda.'.(37)
Efectivamente, era lógico que la SHE se opusiera al tramo Ujo-Matallana porque
penetraba profundamente en su coto y rompía su encapsulamiento. Era a todas luces
conveniente que este tipo de transporte se limitara a llegar a Ujo. donde el FF.CC. del
Norte entroncaba cómodamente con la red privada de la compañía. Seguramente la
Hullera Española contaba con crear ella misma en el futuro -Cuando lo considerara
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necesario- otro tramo que extendiera este medio de transporte a la parte alta del valle,
pero siempre dentro de su propio tejido ferroviario para asegurarse el monopolio de
minas y formas de vida. El hecho de que no hubiera otra empresa hullera fuerte en la
zona era una gran ventaja a mantener, porque evitaba cualquier competencia por la
mano de obra autóctona. Existía otra empresa minera, la Sociedad Industrial Asturiana,
que no tenía un gran volumen en esta época. Aún así, ya había socavado en parte la
hegemonía de la SHE, porque había construido un tranvía a vapor a lo largo del valle,
entre Santullano y Cabañaquinta, que entró en funcionamiento en 1921 y se convirtió en
un elemento crucial porque realizará servicios de transporte de viajeros, contribuyendo
así a romper el aislamiento del valle, coordinando sus horarios con los trenes del FF.CC.
Vasco-Asturiano que hacían el trayecto Ujo-Ovíedo. A pesar de su lentitud y sus
frecuentes descarrilamientos, será visto por los vecinos como un aliado y, de hecho,
cuando el Estado autorizó por fin la prolongación del Vasco-Asturiano de Taruelo a
Collanzo, convirtiéndolo así en el tercer ferrocarril del valle, los vecinos se opusieron a
que la Sociedad Industrial Asturiana suspendiera los servicios de su tranvía, como
solicitaba, hasta que no se finalizaran las obras del Vasco y entrara en servicio el tramo
en 1934.(38)
Tan evidente resultó en la época el obstruccionismo de la empresa del marqués al
proyecto que el ingeniero del Ayuntamiento de Aller, preguntado al respecto en un
pleno monográfico, declaró temer "que lo que se persiga con estos obstáculos sea
mantener un feudo que se hace incompatible con el progreso de Asturias y con el
espíritu de los tiempos".(39) Igualmente preocupado por el caso, el Ayuntamiento de
Míeres, del que entonces era alcalde Manuel Llaneza, envió una comisión a Madrid para
tratar el asunto directamente con el marqués de Comillas. No sólo no obtuvieron ningún
resultado positivo, sino que además tuvieron que dejar al munícipe socialista en la
antesala para que Claudio López, que no quería ni ver al sindicalista, accediera a recibir
al resto. El escándalo que se desató hizo que el director de la SHE, Marcelino Rubiera,
se sintiera obligado a dirigir una carta al gobernador civil aclarando sus motivos y los
términos concretos de su actitud. En la misma alegaba no estar en contra de la vía férrea
en sí, sino del trazado concreto porque ésta cortaba su ferrocarril minero en dos puntos,
en Valdefarrucos y Marianas.(41). Un argumento bastante débil, ya que las técnicas del
momento permitían solucionar el problema de muchas maneras.(42)
Por otra parte, y en el supuesto que no existían trazados alternativos, la distinción entre la vía
como tal -a la que decían no oponerse- y su recorrido no dejaba de ser una maniobra de distracción.
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Esta misiva forma parte de la reacción de la empresa ante la escandalera organizada por
el asunto, que incluye el ejercicio de sus influencias, como indica a las claras el
sospechoso aplacamiento de los ánimos de los políticos y técnicos alleranos. (43) Según la
prensa del momento, había elementos para pensar mal:
"Ya nosotros lo que más nos extraña en este caso es el que determinados
elementos de la Corporación y su técnico, después de tantas manifestaciones
hechas con relación a las (dulces» palabras de la Dirección, se hayan dejado caer
de nuevo con tanta candidez ( ...). Hace días, hablando con uno de los mismos
[concejales] en determinado sitio, decía: «Yo, si me cuesta el pan y el destino el
ser concejal del pueblo, mando al pueblo a hacer ...» ( ...)
El pueblo está huérfano; que sus administradores, aunque reconozcan la
necesidad, el bien, con que los intereses del pueblo reclaman el ferrocarril, no
pueden, porque carecen de independencia, disponerse al lado del pueblo para
conseguir los derechos de éste, amenazados moral y materialmente quienes
han hecho la misma lista para la constitución del mismo Ayuntamiento".(44)
Considerando esta polémica se entiende mejor que el control de los usos del
ferrocarril minero fuera una de las principales ocupaciones de los guardas no sólo por
su evidente valor en el apartado productivo, sino también por su carácter estratégico
como vertebrador del espacio del coto. Por eso son constantes las prohibiciones .de
circular en él para el personal ajeno a la empresa; práctica que, de todos modos y habida
cuenta de la insistencia de tales recomendaciones, debió ser relativamente común. Por
otra parte, era algo lógico si se considera que -como se señalaba- suponía el único
medio de transporte del valle, o al menos así fue durante muchos anos. Tan grande era
el celo en este aspecto que se llegó a denunciar -con resultado de multa- a quienes
viajaban en los convoyes de la Hullera Espanola sin estar autorizados para ello, con el
objetivo de "sentar la mano" y dar un escarmiento ejemplar. El director de las minas
seguía personalmente estos procesos porque consideraba importante erradicar esta
costumbre.(45) También debió ser frecuente tomar los trenes en marcha, no sin cierto
peligro, por lo que se ordenó al servicio de guardería que denunciara ante las
autoridades a las personas que cometieran tales imprudencias, "ya sea agente de esas
Minas, ya sea persona extraña".(46) Esta expresión final confirma que el tren de la SHE
era el medio de transporte utilizado por sus trabajadores. ..y por los demás.
Por otra parte, el abuso del tranvía minero no se limitaba a los ajenos a la
empresa, puesto que también quienes prestaban sus servicios en ella cometían algunas
infracciones, de las cuales la más frecuente fue circular fuera de los horarios
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establecidos; es decir, se usaban para efectuar desplazamientos particulares por el
entorno ya menudo en trenes que eran exclusivamente de carga, para el transporte de
carbón, algo para lo que sólo estaba autorizada una pequeña parte de los obreros que
tenía necesidad de ello para cumplir con su trabajo. Existía una gran picaresca y la
empresa trataba de eliminarla por todos los medios:
(...) sería muy conveniente que de los pases que se extiendan al personal
obrero de estas minas para circular en nuestro tren minero se diera nota a esta
Sección de Vigilancia detallando su duración y si sirven para circular fuera de las
horas de servicios al objeto de evitar que los presenten con firmas falsas (47).
Incluso se llegó a suprimir todos los pases que autorizaban a viajar en estos trenes de
servicio, lo que hace pensar en una intención de limitar la movilidad de la población
obrera y favorecer el control del coto.(48) Esto es aún más verosímil si cabe en la fecha en
que se da esta orden -1942- una época en la que A1ler era todavía frecuentado por
partidas de guerrilleros republicanos perseguidos por las fuerzas estatales y
paraestatales. Ello da idea, una vez más, del poder que el trazado férreo confería a la
Hullera Española. Por último, otro buen motivo para vigilar tan estrechamente los trenes
obreros era que éstos constituían uno de las principales ocasiones para el ejercicio de
una sociabilidad que en el coto tenía que producirse dentro de unos márgenes
forzosamente contenidos; dado que muy probablemente fuera en los trenes donde se
producía la mayor aglomeración de trabajadores de diferentes puntos, representando por
tanto una ocasión preferente para el intercambio y la camaradería, y para la formación
de lazos de solidaridad.
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